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El Calendario de la Temporada de Cría.
NBT - Sexado de Aves
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Para cualquier persona que se inicie en el mundo de la cría de Agapornis es de vital importancia que tenga un conocimiento total de todo lo relacionado con su calendario, fechas, tiempos y cuidados.

En este nuevo artículo vamos a plasmar cómo debe llevarse a cabo el proceso de la crianza de los Agapornis durante una temporada de cría completa mes a mes, haciendo incidencia en lo referente a días, fechas,... temporalizaciones en general.

Septiembre, el deseado.

Se puede decir que el calendario de los Agapornis comienza en septiembre. Es a comienzos de este mes, y no antes, cuando debemos proporcionarles sus nidos. Estos nidos pueden ser de diversos materiales y medidas, aunque particularmente los aconsejamos de madera y de unas medidas mínimas de 25x17x17.

Siempre se dice que para darles lo necesario a una pareja para que críe debemos esperar a que ambos, macho y hembra, cumplan el año de vida. En realidad la edad del macho es indiferente. Si es demasiado joven el único riesgo es que no fecundará. Es la edad de la hembra lo realmente importante ya que de producirse una ovulación demasiado temprana puede ocasionarse problemas a nivel de dilataciones del oviducto que impidan una puesta correcta e impliquen serios problemas de salud a la fémina. De todas formas bien es cierto, que a partir de que ésta cumpla unos diez meses su instinto reproductor será irrefrenable y muy fácilmente, aunque no les coloquemos su nido, nos encontraremos huevos en el suelo de la jaula.




Una vez que tengan los nidos colocados lo siguiente será poner hojas de palmera a su disposición, con eso nos garantizamos que entrarán en celo rápidamente y comenzarán a tejer sus nidos.

Serán las hembras las encargadas de ir haciendo tiras con las hojas de palmera para trasladarlas al nido. En este aspecto destacar la asombrosa forma que tienen los Agapornis Roseicollis de llevar la palmera tejida en su espalda de manera que en un solo viaje al nido pueden llevar bastantes tiras de hojas a la vez.




También será durante este mes que veremos las primeras cópulas y aparecerán los primeros huevos en los nidos. Normalmente entre ocho y diez días después de las primeras montas se inician las puestas, pero no es algo matemático.

















La hembra pondrá un día sí y otro no, alcanzando un total de entre cuatro y seis huevos, aunque pueden darse casos de puestas mucho mayores, para nada interesantes para el futuro del desarrollo de la vida en el nido.

Hasta aquí el deseado mes de septiembre.
















Octubre, las eclosiones.


Para conocer cuando se producirán las primeras eclosiones debemos contar entre veintidós y veinticuatro días después de la puesta del primer huevo, y con la misma periodicidad que se pusieron deben ir eclosionando, es decir, día sí y día no.



Si las eclosiones no se van produciendo en su fecha se aconseja esperar a unos veinticinco días desde que la hembra puso el último huevo de la nidada antes de retirarles todos los huevos. Además si este hecho se produce sería conveniente dejar a la pareja durante unas semanas sin nido para que no se adelante demasiado tiempo la siguiente puesta.

Durante los primeros días de vida nos debemos limitar a ver y no tocar. Cuanto menos influyamos en el desarrollo de las crías será mucho mejor para mejorar la capacidad reproductora de sus padres. Únicamente debemos suministrar a los progenitores los alimentos adecuados y procurar que el agua siempre esté limpia. En nuestro caso siempre tienen a su disposición su mixtura de calidad, pasta de cría fabricada por mí mediante mezclas de otros varios productos y pan. Además dos veces a la semana se les coloca acelgas, espinacas y cáscaras de calabacín, que les encanta.

También será durante octubre que anillaremos a nuestras primeras crías de la temporada. Se puede decir que alrededor de los doce días de vida sería una buena edad para el anillamiento, pero será la experiencia del criador, controlando el diámetro de las patas de los pollitos, el que verá claramente cuando ha llegado el momento preciso de anillarlos y que sufran el menor número posible de caídas y pérdidas de anillas.

Noviembre, los colores.

Es en este mes cuando los criadores más disfrutamos viendo los nidos de nuestras parejas, ya que el desarrollo de las crías estará en la fase en la que el emplumado se va completando y podremos empezar a clasificar las mutaciones que estamos obteniendo en las nidadas. Especial satisfacción sentimos cuando se descubren y se confirman esas posibles portaciones de los padres.



Puede que también durante noviembre hayamos sufrido algunas bajas en los nidos, especialmente las crías más pequeñas de los nidos más poblados. Ahí la experiencia del criador tiene mucho que decir, moviendo crías más pequeñas de nidos masificados a otros nidos con un número menor de crías siempre que se trate de ejemplares de edades similares. Mejor si esos cambios se hacen a nidos con mutaciones diferentes para tener localizados para siempre a esas crías adoptadas.

A finales de este mes, cuando las crías tienen algo más de cuarenta y cinco días, veremos los primeros saltos de los nidos. Este será un periodo un poco “histérico” por la inseguridad que tienen las crías y las preocupaciones de sus padres por cuidarlos.

Diciembre, primeros destetes.

Diciembre es un mes “doble”, ya que esta incansable especie animal comienza una nueva puesta mientras continúan con el destete de sus crías de la puesta anterior. Debemos estar atentos a la salida del nido de la cría más pequeña para hacer un buen lavado y desinfección del nido porque la hembra va a volver a poner muy pronto, muchas veces incluso antes de que sus crías mayores hayan saltado del nido. En nuestro caso hacemos algo para prevenir un poco el tema de los excesos de suciedades. Cuando la nidada tiene a sus mayores crías rondando los veinticinco días las pasamos momentáneamente a otro nido, limpiamos el suyo, les colocamos tiras de hojas de palmera en el fondo del nido y los volvemos a colocar dentro. Puede darse el caso de que a algunas parejas no les agrade demasiado que se haga eso, pero se trata de que se acostumbren.

Hasta cumplidas unas dos semanas desde el salto del nido no se considera que un pollito esté completamente destetado, así que no deben retirarse del cuidado de sus padres antes de cumplido ese tiempo fuera del nido. Hablamos de que el animal tiene ya unos sesenta días y puede hacer su vida de forma independiente de sus padres.




Diciembre, enero y febrero, segundo ciclo.

Durante estos meses se produce la segunda de las nidadas de la temporada. Se desarrolla durante pleno invierno por lo que el suministro de palmera debe ser constante para que los nidos estén bien acondicionados, y la alimentación debe ser suficientemente rica en grasas, especialmente si criamos en voladeras exteriores.



El ciclo se repite exactamente igual que el explicado anteriormente.

Marzo, abril y mayo, tercer y último ciclo.

En estas fechas se realiza la tercera y última de las nidadas de la temporada, produciéndose en un ciclo similar a los anteriores, pero teniendo mucha vigilancia llegado el momento de no permitirles que continúen criando más.

Con mayo llegan las decisiones difíciles. El motivo es que muy posiblemente nuestras parejas van a iniciar una “cuarta” puesta antes de terminar la tercera. No debemos permitirlo y con más cabeza que corazón debemos ir retirando esos huevos que vayan poniendo hasta que las últimas crías de la temporada hayan sido destetadas y con ellas se dé por concluido el ciclo con la retirada de los nidos.



Criando en jaula no hay ningún problema en dejarlos sólo con sus perchas habituales, pero criando en voladera aconsejamos que los nidos se sustituyan por reposaderos que permitan el mantenimiento de los vínculos en las parejas.

Junio, julio y agosto, el descanso.

Una vez retirados los nidos, las parejas perderán completamente el celo y pasarán durante todo el verano en un estado de reposo que les permitirá realizar un merecido descanso. De lo contrario el desgaste producido, especialmente en las hembras, puede resultar fatal.

A los criadores no nos suele gustar ver a nuestras parejas sin nidos, sabemos que ellos son eminentemente reproductores y que es así como se sienten felices y activos, pero sería egoísta dejarlos que su propio instinto vaya acabando con su propia calidad de vida.




Pasadas las calores del verano, de nuevo empezamos una nueva e ilusionante temporada de cría.




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