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¡¡¡ Bienvenidos a Agapornis La Isla !!!
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Mi Voladera.
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Evolución del Nuevo Agapornis La Isla.
Desde que era muy muy pequeño siempre he sentido una especial sensibilidad hacia los animales. Recuerdo que yo era un crío y cuando me enteraba que mis amigos iban a salir a "pegarle" a los gatos, yo me adelantaba para espantarlos y que estuvieran a salvo. No puedo calcular las horas en mi ventana controlando las jerarquías, los movimientos, las cacerías... cual actual Discovery Channel.
Siendo yo un niño de apenas cuatro años mi padre tenía canarios en la terraza de un pequeño piso donde me crié. Todos en casa estaban sentados en el salón viendo la televisión mientras que yo prefería pasar horas y horas sentado frente a las jaulas para controlar cómo hacían los nidos, revisar los huevos, las crías,...
El colmo me llegó con dieciséis años. Un amigo de mi padre, que era muy mayor, tenía una preciosa pastor alemán a la que no podía sacar a la calle precisamente por eso, por tratarse de un hombre tan mayor. Yo me ofrecí a ir todos los días a sacarla a pasear y en muy poco tiempo surgió una amistad entre el animal y yo que nadie puede ni imaginar. La perra era tan "mía" que cuando el dueño me dijo que iba a buscarle un macho para una monta yo mismo me negaba a todos los pretendientes que me enseñaba.
Un afortunado día, durante uno de esos paseos, me tropecé con un hombre que paseaba al pastor alemán más impresionante que habían visto mis ojos y rápidamente le comenté el tema de una posible monta. Al hombre le pareció bien y en cuanto la hembra entró en celo quedamos para que se fueran conociendo y... sin duda hizo su efecto.
Pasaron las semanas y el día que le noté leche en las mamas hasta se me escapó una lágrima de emoción. Yo quería para mí a uno de esos cachorros.
Todos los días al volver del instituto pasaba por la casa del dueño de la perra antes que por la mía propia para ver cómo iba todo y desde luego ella corría a la cancela para saludarme nada más oler que me acercaba. Una tarde no aparecía. Entré y no veía a nadie. Estaban todos escondidos para darme la sorpresa de los siete cachorros.
Ni siquiera los dueños podían acercarse a los pequeños, pero mi mano entraba en la cama de la madre y sólo se llevaba lamidos y agradecimientos. Me encantaban todos, pero rápido y veloz manché una patita con betadine para poder reconocerla siempre.
En mi casa no la querían. Un piso pequeño y mucha gente, pero bastaron unas visitas para que la vieran y mi Sheila ya no volvió a salir de allí. Me acompañó, me defendió y me quiso durante otros dieciséis años. Cuando murió justo la mitad de mi vida la había pasado junto a ella.



Durante muchos años me negué a tener otro perro porque el listón estaba muy alto, pero somos muchas las personas que llevamos esto muy adentro y no se puede luchar contra el corazón. Hace un año y medio que me acompaña mi KriLiN, algo muy diferente a Sheila, pero que me ocupa y me quiere igualmente.
Algunos podrán no comprenderme, pero siento mucha más sensibilidad, compasión e incluso admiración por los animales que por las propias personas.
Muy poco después de que Sheila muriera, nació el tema de los Agapornis que ya habéis podido leer en "Mi Historia". Lógicamente todo eso que cuento en ese apartado no sucedió en ese pequeño piso en el que viví con mis padres y hermanos. Previamente me trasladé a la vivienda que por aquel entonces pensaba que sería el colmo de mis aspiraciones. Un pequeño, pero bonito jardín, una perfecta azotea para mis animales,... no podía pedir más.

El tiempo pasa y ahora veo que puedo cumplir el sueño de mi vida. Está muy cerca...

Aproximadamente en el año 2005 construí mi primera voladera en la azotea de mi vivienda en la que ya llevaba un par de años coqueteando con los Agapornis. Tenía ocho nidos, dos comederos, un árbol natural, un pequeño bebedero, pocas perchas y lo principal pocos agapornis, pero se había cumplido uno de mis sueños desde pequeño, tener una "ensuelta" en mi propia casa.
Este era su aspecto el día de la inauguración.


Unos años más tarde, ante la gran satisfacción que me producían estos animales, realizo una ampliación con una nueva voladera más pequeña, pero que cumplía a la perfección su cometido.
Esas dos voladeras tenían un total de 47 nidos en los que habitaban 16 parejas de agapornis, todos excelentes reproductores y miembros más de mi familia que me daban muchas horas de trabajo y satisfacción.


En Febrero de 2.012 me planteé una profunda reforma en mis instalaciones. Pretendía que la voladera no fuera un impedimento estético tanto a mi casa como al vecindario, además mis animales pasaron a habitar en un espacio que legalmente pasó a ser "suelo interior" de mi vivienda.
Se aumentó el tamaño, se disminuyeron los nidos y también un poco el número de parejas.
Pinchando aquí podéis ver la evolución de su construcción y este fue el resultado final:


En el verano de 2016 el cambio será aun más radical...
Tan radical que en realidad tendríamos que cambiar el nombre del dominio y el de la propia web porque poco a poco dejaremos de estar en "La Isla", pero no será así, mantendré tanto una cosa como la otra.
El último día del mes de junio ya puedo decir con rotundidad que comienza una nueva etapa en mi vida.
Os dejo la primera imagen del que será "Nuevo Agapornis La Isla", pero queda tanto tanto trabajo que no me atrevo aun a dar fecha en la que mis animales van a ocupar ese espacio.


Finales de julio de 2016 y seguimos avanzando paso a paso en la contrucción del "Nuevo Agapornis La Isla". Lo que era una auténtica selva ha quedado bastante más desahogado de maleza.
Queda mucho por hacer, pero este paso ha sido bastante importante.


Primer trabajo en el interior de la nueva voladera. Se abre una ventana trasera idéntica a la frontal que ya existía, ya que pretendo que tengan luz y aire por ambos laterales. También se ha construido un pequeño tabique que separará el interior de la jaula con el resto del cuarto. En un lado estarán los animales y en el otro sus utensilios. Ese tabique no quedará tan alto ya que vamos a recrecer el propio suelo. A modo de seguridad contra los depredadores naturales las ventanas tendrán una fuerte rejilla tanto en el interior como en el exterior de las mismas dejando un "espacio de nadie".


Una primera mano de pintura y colocados los colgadores para los nidos. Serán treinta y dos nidos, dieciséis en la fila superior y dieciséis en la inferior. Lo siguiente debe ser el trabajo del herrero: rejas y mallas para aislar la voladera.


Una vez colocado el suelo ya queda realmente poco para terminar la voladera.


Después de comenzar a trasladar nidos de una localidad a la otra finalmente caben perfectamente dieciséis en cada fila agrupados de dos en dos como siempre he hecho.


Lo siguiente ha sido cubrir las dos ventanas laterales con doble rejilla de acero, una en el borde exterior de las ventanas y otra en el borde interior, siendo la del interior tipo abatible para poder limpiar ese espacio "de nadie" que queda entre una rejilla y la otra. Espacio que es de unos treinta centímetros y que servirá para evitar las molestias de otros animales que puedan merodear en el exterior.
Esta voladera carece de la tradicional malla electrosoldada, todo es reja de acero.


Se ha mejorado la situación de los comederos con respecto a otras voladeras que he tenido, evitando que tengan nada arriba, como nidos o perchas, que puedan provocar que les caigan en su interior excrementos o suciedades no deseadas.


Recrecido el suelo del exterior de la voladera con hormigón. De esa forma vamos a proteger a la propia voladera de la posibilidad de entrada para posibles invasores excavadores como roedores y algún tipo de topo e incluso serpiente. Son unos quince centímetros los que se han rellenado. Ahora tendrá un desnivel considerable entre el exterior y el interior de la voladera.
Hasta ahora no lo he mencionado, pero el techo de la voladera está altísimo.


Todo el suelo está terminado a falta de pequeños detalles, tanto el del interior de la voladera como el del exterior de la misma que albergará estanterías con todos sus utensilios, alimentación, complementos, medicinas,...


Una vez colocada la reja que aisla totalmente a la jaula lo siguiente serán las perchas.
En la primera imagen tenemos a la voladera vista desde fuera y en la segunda vista desde el interior. Me gusta mucho el espacio que ha quedado disponible.




Estos son los detalles de las dos ventanas que tiene la voladera.
En esta primera imagen vemos la ventana cerrada con sus dos paneles de rejas y su separación entre ambos.



En esta segunda imagen se puede observar como el panel exterior es fijo y el interior es abatible permitiendo la limpieza de ese espacio existente entre ambos paneles.


Ya colocadas las perchas nuevas.
Me las he ingeniado para no tener que colgarlas del techo y usando intrumentos para cortinas he conseguido que parezcan perchas flotantes.
Vista con perspectiva humana:



Vista con la perspectiva de un Agapornis posado en la percha situada más a la izquerda de la voladera.


Terminados todos los pequeños detalles como los rodapiés, los retoques en la pintura y el relleno y coloreado en las llagas entre las losas.
Ya sólo falta llenar la voladera de vida.


Montada la gigantesca estantería que servirá para albergar todo lo relacionado con mis Agapornis: mixtura, pienso, medicinas, herramientas, nidos de repuesto, transportines,...


En febrero de 2017 se produce el traslado de mis Agapornis a la Voladera construída a finales de 2016 y ese mismo día elaboro el vídeo que pueden ver a continuación:

Evolución del Nuevo Agapornis La Isla.




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